A Madrid con un Zoe: la vuelta

Bienvenidos todos a la cuarta parte de este emocionante viaje a Madrid. Esta es la penúltima de una serie de entradas donde estoy contando mi viaje desde Arrasate-Mondragón hasta Madrid y vuelta. En esta ocasión, narraré como fue todo el viaje de vuelta, que resultó similar al de ida pero con sorpresa al final.

Antes de seguir leyendo recomiendo echar un vistazo a la entrada sobre cómo se carga el Zoe, ya que de lo contrario muchos de los datos que aparecen aquí os van a sonar a chino. Para los despistados, recuerdo también que mi coche es un Renault Zoe Q210 con un batería de 22kwh que hace en condiciones reales unos 130 kilómetros por carga.

Dividiré la entrada en los diferentes tramos que tuvo el trayecto (A-F en el mapa de abajo, similares a los de ida) para que los datos de cada uno queden lo más claros posible. Además insertaré otra vez una tabla en cada trayecto para mostrar la información de viaje y carga de cada uno. Hay que tener en cuenta que los datos de energía consumida y cargada pueden no coincidir al 100% por pérdidas de energía en forma de calor durante las recargas.

Tramo A-B: Madrid – La Cabrera

Y arrancamos este viaje de vuelta con un trayecto de 70km y 440m de elevación, casi nada. Evidentemente, el consumo fue muy elevado tanto por la elevación como por la temperatura que hacía, que obligó al aire acondicionado a trabajar a todo trapo. Por suerte también, estas temperaturas ayudan a que la batería trabaje con mayor eficiencia, siempre que cuente con un buen sistema de refrigeración (el Zoe cumple muy bien en este aspecto).

Cargando en La Cabrera

Llegamos al aparcamiento púbico de La Cabrera pasadas las dos de la tarde y enchufamos el coche al punto de carga gratuito de 22kw. Decidimos picar algo en una terraza de la zona mientras se cargaba el Zoe, con idea de salir de allí una vez alcanzado el 85%. Claro que no contábamos con que lo que nosotros creíamos que iba a ser un picoteo, acabara convirtiéndose en una comida en condiciones. Para cuando terminamos de “matar el gusanillo” resulta que eran las 15:30 y el coche llevaba cargado ya casi una hora.

Tabla del viaje y carga de La Cabrera. En la parte de arriba se muestra la información del trayecto y en la de abajo la de la carga.

Tramo B-C: La cabrera – Aranda de Duero

Tras 92km, llegamos a las 16:40 con la digestión todavía a medias al cargador EasyCharger de Aranda de Duero, donde paramos también en el viaje de ida. Como ya dije en la entrada anterior, esta es la app más fácil y cómoda de usar y el precio es razonable. La parada duró media hora aproximadamente, que fue lo que tardó el coche en alcanzar el 92% que necesitábamos para llegar hasta Burgos.

Tabla del viaje y carga de Aranda de Duero. En la parte de arriba se muestra la información del trayecto y en la de abajo la de la carga.

Tramo C-D: Aranda de Duero – Burgos

No me voy a enrollar con explicaciones; este mismo trayecto fue el que hicimos a la ida y en esta ocasión también fue todo sobre ruedas (literlmente).

Tabla del viaje y carga de Burgos. En la parte de arriba se muestra la información del trayecto y en la de abajo la de la carga.

Tramo D-E: Burgos – Vitoria

Este fue, sin duda, el recorrido más emocionante de todo el viaje (y con emocionante quiero decir tenso); salimos de Burgos con casi 110km por delante y un 88% de carga, por no esperar ese último trozo de la batería, que es el más lento en cargar. Aun así íbamos tranquilos, porque todo el trayecto era bajada (un desnivel de casi 400 metros a nuestro favor) y fuimos con el aire acondicionado funcionando con normalidad y a velocidad de autopista.

Al principio el navegador del coche ya nos advertía de que nos faltarían unos 20km de carga para llegar, pero, a medida que bajábamos, los kilómetros restantes en la batería y los que faltaban para llegar se iban igualando. Llegó un punto en el que la autonomía marcada por el coche se igualó a la restante en el navegador, y en ese instante pensé “perfecto, a partir de ahora todo lo que bajemos es ventaja que nos llevamos”. El problema fue que, aunque yo todavía no lo sabía, ya estábamos abajo; no quedaban más cuestas que bajar. La autonomía restante empezó a bajar a un ritmo mayor al que lo venia haciendo, quedándose siempre pareja a lo que nos faltaba por llegar.

A unos 20 kilómetros de nuestro destino, el coche emitió el primero de muchos pitidos; batería baja. Esa primera alerta la había visto muchas veces, así que activé el modo eco pero no me preocupé. Lo que si me preocupó fue ver que empezábamos a subir una ligera cuesta, y la batería se descargaba cada vez más rápido.

Quedando 10km para llegar, el coche dejó de marcar autonomía restante y sustituyó el número por unos guiones nada tranquilizadores; a su vez, una infinidad de pitidos y luces me avisaban de que fuera sacando el número de teléfono de la grúa.

A falta de unos 5 kilómetros, el último pixel de la última raya de batería se apagó en la pantalla. El coche estaba seco e indicaba que tenía “presatciones limitadas”; no era la primera vez que veía ese aviso, pero hasta entonces solo me había salido estando ya muy cerca del destino (a menos de un kilometro, no a 5). Aprovechando que estábamos en una carretera vacía con límite a 50km/h, reduje la velocidad y dejé que el coche rodara todo lo que pude (no sabía en que momento dejaría de responder el acelerador). Y así, haciendo malabares, llegamos hasta la puerta de la gasolinera donde nuestro último cargador nos esperaba.

Cargando (por los pelos) en Vitoria

Cuando enchufamos, el coche marcaba que la batería estaba al 0%. Aun así la velocidad de carga enseguida alcanzó los 40kw habituales y pudimos cargar rápidamente para llegar a nuestro destino final. El cargador era de Iberdrola que, aunque la app sea bastante engorrosa, la calidad del servicio es adecuada (con un precio razonable de 0,30€ el kwh).

Tabla del viaje y carga de Vitoria. En la parte de arriba se muestra la información del trayecto y en la de abajo la de la carga.

Del último tramo solamente diré que fueron apenas 20km y los hicimos sin problemas, llegando a Arrasate aproximadamente a las nueve de la noche.

Conclusiones

Repito lo mismo que he dicho en las entradas anteriores; dedicaré una entrada específica para las conclusiones que he obtenido en este viaje adelantaré aquí muy brevemente algunas de ellas.

Primero, y como acabamos de ver, el Zoe deja cierto margen de error desde que indica que no hay batería hasta que realmente se para. A día de hoy, y con lo “kamikaze” que soy yo a veces, todavía no me ha dejado tirado en ninguna ocasión.

Por otro lado, es muy notable la diferencia que marca la temperatura exterior en el rendimiento de la batería; con calor se nota que consume algo menos, aun llevando el aire acondicionado encendido.

Por último, vuelvo a agradecer que todos los puntos de recarga hayan funcionado a la primera en todas las ocasiones (especialmente en Vitoria). Es destacable que, así como a la ida el viaje salió a razón de unos 7€ a los 100km, la vuelta ha sido considerablemente más barata; 4,92€ a los 100km.

Para seguir leyendo más sobre este épico viaje pincha aquí.

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